La obesidad se considera una enfermedad crónica, que repercute de forma importante en la calidad de vida y en la supervivencia de las personas que la padecen. Facilita la aparición de otras enfermedades como las cardiovasculares (cardiopatía, hipertensión, accidente cerebrovascular), la diabetes y los trastornos del aparato locomotor (en especial la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones muy discapacitante). Por tanto, su tratamiento contribuye a la prevención o mejora de las patologías asociadas.
La obesidad infantil, también incipiente en nuestro país, se asocia con una mayor probabilidad de obesidad en la edad adulta. Los niños obesos sufren dificultad respiratoria, mayor riesgo de fracturas e hipertensión, y presentan marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y efectos psicológicos. Por ello es fundamental detectarla y tratarla cuanto antes.





